AJENOS

Cuando miro tu boca y escucho como brotan las palabras de tus labios, imagino todas las bellas historias que aún quedan por besarnos, y observándonos minuciosamente, se me antoja tu cuerpo narrado a suspiros, a pedazos de gloriosos vicios apasionados.
El prostíbulo al que suelo llamar poesía, vende fascículos de mi alma por sexo a escondidas. Laberintos agridulces que hierven y conspiran mi piel bajo tu cuerpo, que naufragan de felicidad entre tus dedos.
Vernos a pie de barro, sin virtud que aparente, ni trono que engalane nuestro encanto; ajenos a la muerte que nos hace elegir los brazos equivocados, dejando volar inviernos pasados.

LA MÁS BONITA

Si fuera de arena te cambiaría por un océano y dos gotas de sal, pero soy de alas que vuelan para perderse en la rima de tu mar. Mis cabellos son como una hoguera húmeda enredada entre tus dedos, como la forma de tu ausencia frente al espejo. Hilos de nostalgia desde los que resbalan letras cual lágrimas saboreando atardeceres.
No existe paño que cubra tu ausencia, ni tormenta que tararee tu canción. Nuestro amor luce muy cómodo en una copa de vino, en las palabras que batallan por salir y las ahogamos para brindar.
Algunos pájaros gráciles vuelan, otros juegan a morirse sobrevolando el olvido, pero nosotros bailamos la paz del verso recién escrito. Somos la noche que ya no sabe oscurecer, la última bocanada de aire que rompe el velo de la soledad; el olvido pintado de blanco por no saberse conjugar.
Comencé a amarte antes de que el incendio de otros labios ni cenizas tuviera ya, cuando la esperanza inventaba un nuevo nombre con el que filtrar la soledad.
Tienes la ausencia más bonita que existe, y eres para mi tan real, como las hojas que caen vencidas ante la briosa y cruenta tempestad.

DONDE GUARDO LO QUE IMPORTA

Te escribo porque te extraño todo el tiempo, porque te veo en todo lo bello que me rodea, porque estoy cansada de no tenerte cerca. No hay nada más duro que tiritar tu ausencia, o escribirte repitiendo una y otra vez esa canción que a tí siempre me recuerda.
Llenas de magia mi vida, de luz mis ojos y mis venas, y cuando te pienso de cerca, todo calla para que mi alma te recree al margen del resto del planeta.
Estás donde guardo lo que importa, donde resucito las caricias que me diste a solas.
Amo esta maravillosa locura de escuchar tu voz mientras te beso, de caminar perdida hasta llegar a un umbral, en el que abres tú desde el otro lado de la puerta.
Me besas y todo lo que pueda decir está demás, pues encarnas algo mucho más emocionante que unas letras. Contemplo mi destino hecho persona, encarnado en una bronceada piel cuando ropa tú no llevas.
Mis letras son palabras que el viento convierte en aire, para que las respiren tus labios un millón de veces, sin rozar el suelo tus suelas. Son gotas de lluvia que calan la ilusión, por más impermeable que el alma tenga.
Aplaudo a Dios por si existe, y tiene mano para dejarte a mi vera, pues necesito practicarte hasta la última gota que pasea por nuestras venas.
Aunque pensándolo mejor, da igual cuánto te alejes, pues aún conservo entre mis labios, el sabor del amor que me dedicaste para que bebiera.