ETERNA MADRUGADA

Más de siete mil millones de personas en el mundo y no dudo en buscarte a ti, en abrirte las puertas de mi corazón, pues ya tengo suficientes cristales coloreados en el cajón de los sobresaltos.
Algún insensato podría pensar que has llegado tarde, pero nadie tan extraordinariamente oportuno como tú.
Me fío de la intuición como un timón que me hace navegar con buen rumbo, que no intenta convencerme de nada. Me muestra la vida con una copa de frescura entre las manos, con toda su impaciencia, entusiasmo, e incluso desgarro. Me concede un baile con la mujer que soy, con los pasos de la verdad y coincidencias en el camino. Una sensible y encantadora melodía de fondo, me hace conectar con tu latido, y me dejo columpiar con los ojos cerrados y los sueños abiertos de par en par.
¡Parecías tan imposible, y al mismo tiempo, tan fácil de amar!
Vendimiando en tus adentros, me sumerjo en tu exquisita urbanidad, empapándome cuando llueves, ahogándome en el oxígeno de tus labios. Quizá porque eres música, contigo no hay ausencia que valga, ni desperdicios de vida alguna. Tu amor me hace evolucionar y lucir renovado el corazón, incluso consigue que sienta extrañeza por lugares donde jamás he estado…
Una vida ya no alcanza para amarte, pues entre mis brazos eres eterna madrugada.

CAL Y ARENA

La vida es esa niquelada escalera repleta de angostos descansillos. Unas veces adornados con luces travestidas, otras rezumando sombras grisáceas que enturbian la mirada. Claroscuros, recovecos, arrugas que esculpe la vida en nuestro corazón y en el rostro. Líneas agridulces que surcan el alma a golpe de tiempo. Sonrisas hoy que dejan surco, sorpresas mañana que marcarán rostros, y tristezas ayer que anidaron poco a poco en nuestros ojos.
Me gusta ver como el tiempo nos esculpe la cara. Como la penumbra o la luz, de forma natural, serpentean en nuestras facciones sin cinceladas.
Cal y arena, así es la vida.
Descanso rodeado de la sabiduría de la tierra, de su paz en silencio, de su asiento.
Llantos internos. Así se engalanan los duelos eternos.

ELLA

Cuando ella tenía sólo ocho años, su padre falleció víctima de una cruel enfermedad. Solía llorar a escondidas, aislarse ensimismada en sus pensamientos de niña, tal vez porque lo que realmente sucedía a su alrededor, no tenía explicación alguna para ella… En tales circunstancias, unas personas se recluyen y rezan, otras se revelan o incluso se vuelven ateas. Las monjas que cariñosamente la cuidaban, le decían que rezara y que buscara a Dios. Insistían en la estúpida idea de que Dios le daría una explicación para esa repentina y triste muerte, para esa dolorosa e inesperada ausencia. Pero ella.., ella lo que realmente quería, lo que verdaderamente ansiaba con todas y cada una de las fibras de su ser, era encontrar a ese Dios y estrangularle.