CARTA BLANCA

Consigo sobornar al tiempo arrancándole un lírico instante de labios, ese que desborda ferozmente la orilla dónde el mar me devuelve tu poesía. El sonido de la felicidad dispone de un ático bronceado con vistas a tu sonrisa, esa que sabe de memoria el cálido brillo del Sol. Heraldo de ilusión eres, salpicando mis huellas con sabor a evocadora marea, como un sendero esperanzador para zarpar temprano… Y navegar en carne viva y carta blanca en la conciencia.

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