CAÍ PRESA

Una fría tarde de invierno caí presa en tus ojos, y ya no puedo, ni quiero salir a la superficie. Mis versos, que habían sido cruelmente derrotados, resurgieron para ti como un bonito regalo.
Ahora tus negras pupilas me nombran, tu bella boca me llama incesante, y tus profundos besos, brotan como torrentes de tus carnosos y sensuales labios.
Tu forma de nadar en mi interior, mar en calma me vuelve, y tu voz susurrante, en suave brisa me convierte.

LA VERDADERA VIDA

Cuando aciertas a comprender, que has sobrevivido al desastre acunando sueños ajenos, haciéndolos tuyos para no extrañar, aún más, todo aquello que sospechabas como podrida rutina; entonces te reconoces en tu propio hogar, en el aroma de tu piel, en la fragilidad de tus dedos.
En ese preciso instante vives la sensación de viajar sin ayer, de medir los riesgos después de correrlos, de despreciar las palabras acomplejadas.
Casi todo es tan jodidamente manipulable, que gratifica pensar que la verdadera vida dura sólo un instante, el instante en el que tú me sonríes.

DIFÍCIL

No hay nada más difícil de ignorar, que aquello que la mente recrea e imagina. Por eso quiero que tu piel me cuente su vida, que viaje lento dentro de mi, que me diga al oído qué perdona y de qué se enorgullece; y que presuma del momento en que me sonrojó.