LLEVO POESÍA

No me acostumbro a tus besos ausentes, ni a mediar entre la distancia y el tiempo. No puedo seguir escribiendo entre posibilidades infinitas, entre un canto de olas palpitando tu ausencia.
Te guardo en el alma de mis labios, en mis manos abiertas, en la callada poesía que llevo puesta. Atesoro el roce de tus pies en el suelo, el viento acompasado en tus cabellos y la humedad de las nubes en el rostro.
El recuerdo de tus besos se grabó en mis labios, en mis silencios temblando entre tus brazos, sollozando exaltados; gritando de placer hasta morir, mientras mi fruto se quebraba en el delirio de tu lanza ardiente. No importa cuán oscura y larga sea ahora la noche, pues contigo, mis sueños son infinitos.

LOS DOCE

Dile que mi interior es un volcán que abre a las seis, que hace la danza de la lluvia mientras se nutre de su tormenta, y que empaña mi mirada mientras le dice que está hecho para no soltarle. Dile que es cómplice de sus abrazos, de sus besos con sabor a eternidad, y de las palabras que brotan de mis dedos para estar con él.
Dile que una tarde dejé de buscar la magia en los poemas de otros, y comencé a escribir sobre él; que supe entonces que podía caminar de su mano hasta los confines del mundo, comprendiendo que no pertenezco a ningún lugar, pero sabiendo que soy felíz en cualquier rincón si él está conmigo.
Dile que me enloquece imaginar que le desvisto, que todos los vicios tienen algo de él. Que hace que se me olvide la vida por estar viviéndole, y que consigue que desee que los doce meses del calendario tengan su nombre. Dile que con él acamparía hasta en la Luna, y que por tenerle a mi lado, cenaría rancho en el infierno hasta con los ojos cerrados.

ME RINDO

Un día abrí los ojos y descubrí que había estado bailando sola. Ahora despertamos juntos de un modo imaginario, como si viera una película con alguien que no está.
Me gustas y voy a seguirte por toda la cama, y quizá en otra vida durmamos juntos en el sofá. Te haré cosquillas, y tú dormirás mientras yo te miro.
Nunca sé si estoy queriendo demasiado hasta que comienza a dolerme algo. Me gusta que no dudes que te quiero, aunque tal vez pienses que te estoy contando una mentira preciosa. ¿Qué dulceamargo es todo, no?
Siempre me queda acercar la frente a la ventana y olvidar que no sé si es invierno, pues aún no he podido rozarte las manos.
Eres tan atractivo como todo el azul de los mapas.
Doy varios pasos a la derecha y sigues estando lejos…
¡Abre, que vengo sin preguntas, de verdad! ¡Por favor abre, que tengo unas ganas locas de aflojar tu corbata!
Conmigo tampoco vas a estar a salvo mi vida, pero verás que sonrisas mientras me rindo.

NADIE LO VE

Siento tu infierno y no me quiero mover, prefiero lidiar con él. Meterme en tus brazos para saborear lo que estamos siendo, maquillando el lado oscuro para que se vaya despidiendo.
No deseo partir de tu mirada sin sentir lo que me está diciendo, sin que conquiste el encanto de mis labios. Mis contigo afortunadamente siempre son con poca ropa y mucho vino, con nuestra piel fundida y cabalgando a lomos del mismísimo destino; viéndote en mis versos mientras te pones al alcance de mis besos, llevándote todos mis recuerdos y quedándote el cambio…
Déjame vencida, sin mapas y con la mente en blanco; como el comienzo de tus puntos suspensivos. Déjame beber tus disculpas al abrazarme el cabello, al susurrarle más alto al silencio. Sabiendo que te llamo mi vida porque mi piel te recuerda en pequeños detalles, en una canción favorita, en un aluvión de besos que susurran tu amor a los cuatro vientos.
Inspira hondo y ven, que haremos un alto en el camino para recordar que nuestro amor nadie lo puede ver, pero forma parte de nuestro ser.

LIRIOS BLANCOS

Soy un viento fresco que te acaricia el rostro, el tulipán dorado que se abre cuando brilla el Sol y un laborioso nido inexplorado que de amor está saciado.
Soy un ajustado anillo en el dedo más comprometido, las incesantes olas de nacarada espuma y una chispeante hoguera bajo la oscuridad más estrellada y pura.
Soy un luminoso día de playa, la roca sobresaltada por tanta arena aburrida y esa postal, sin vergüenza ni remite, que enviar cualquier cálida mañana.
Soy lirios blancos de sereno mar, tiempo extra en el que quedarse a vivir, esas adecuadas palabras que vibran en los labios que venero y todo lo bello que siempre recuerdo cuando te veo.