TERNURA EN EL VIENTO 

Pensarte me hace tan feliz, que intento hacerlo casi todo el día. Es triste que no estés conmigo todas las veces que te amo, pues mi boca atesora tantos besos, que mis ganas se sienten invencibles.
Busco entre mis poemas uno para ti y sólo encuentro ternura en el viento. Entonces escribo para aprender a callar lo que por ti siento, y crear dulces melodías que viajen con mi aliento.

TURQUESA DE CIELO

Cuando muera, dejaré escrito que te envíen los surcos de mi cuerpo y los anillos del árbol de mi boca. Diré que te envuelvan, en saten, los besos soñados que sollozaban en mi vientre, y ese sabor tan de sonrisa que regalé a tu aroma cada noche. Mi ausencia inaugurará el silencio del reloj que pacientemente espera, y la soledad se asomará a curiosear la oportunidad de abrazarme eterna. Cuando ya no exista fe sino la pura inercia, cuando solo exista la prisión del pasaje de ida sin vuelta, mi espacio vacío lo llenarán tus recuerdos, y esa felíz casualidad, de atesorar el polvo que fluye hoy por mis adentros. Por ti jamás seré pena, sino alegre sonrisa de cuento y turquesa de cielo en tus venas.

TAÑEN A FIESTA…

Cuando te veo, la alegría que siento me maquilla tanto el rostro, que ya no necesito sonrojar las mejillas o colorear mis labios; pues tu aliento me saca a bailar en un estío presuntuoso, de verbena altanera y arrogante. El verano, tu camisa y la música, ralentizan tu belleza, calman el aire y tañen a fiesta…

MÁS DE OCHOCIENTAS NOCHES…

Han pasado más de ochocientas noches sin verte y me levanto, cada mañana, con las costillas magulladas de rememorarte. Cuando muero de nostalgia y estoy exhausta de pensar en la forma de tu cuello o en el tacto de tu piel, siempre me reconforta el recuerdo del horizonte ondulado de tus labios o el brillo de tus ojos al mirarme… Entonces sé que puedo seguir de amor muriendo.