DELIRO

La distancia empequeñece si pienso en la forma en que te besaré la boca cuando vuelva a verte, y en cómo admiraré el brillo de tus ojos. Perderé la razón bebiendo el jugo de tus labios, y brindaré jurándote amor eterno, pues deliro al escuchar tu voz vestida de sabias palabras, como magia de labios en estado puro; con amor sincero.

MIENTRAS VIVA

Para compensar el esbelto y perfecto modelaje como el ser más bello de la creación, hizo Dios al resto de los hombres como unos destartalados peludos, sin demasiado seso sobre los hombros y con sólo medio pie fuera de la cueva. Y al recrearse en tí se empleó tanto, y tan a fondo, que se superó a sí mismo.
Es por eso que ahora la perfección camina sobre tu torso esbelto, la sensualidad cabalga por tus angulosos labios y la auténtica locura brota de ese sedoso y ondulado desorden que se precipita cual cascada de azabache por tu rostro. Tu voz acuna y arrulla cual melífluo murmullo de agua, y debo afirmar, con total y absoluta contundencia, que el cielo se partirá irremediablemente en dos y se ensombrecerá eternamente, el triste y aciago día en el que desaparezcas de la faz de la Tierra.
Escribo siempre de tí y créeme que lo haré día a día mientras viva, pues te encuentro allá donde jamás creí que pudiese haber nada más… Y quisiera seguir haciéndolo por siempre, pues desde que supe de tu existencia, no hago otra cosa que amarte y ya no me imagino haciendo nada más bello ni mejor.

EL ESPEJO NO SABE

Tengo besos recien escritos que erizan la calma, dragones agonicos en mi interior por cantarle a la luna y deseos que no parecen marcharse nunca. Finjo y juro ante los demás que el espejo no sabe la verdad, aunque me ha visto más de cien veces llamarte amor con los vellos erizados de locura; pues me he enamorado del loco amor que te tengo, de esos labios de algodón de azúcar que encierran sueños y de ese cielo que se levanta cada amanecer en tu boca.

CONSTELACIONES

Llevaba una cascada de sol para esquivar los labios del invierno, ropa ceñida a su perversa desnudez y un silencio preso en la garganta. Cuatro gotas, de imposibilidad atormentada, calaban en su orilla. Eran como arena húmeda que perfumaba de sutiles versos su bronceada espalda.
Lluvia de brotes dorados aferrados al rostro, cual truncada reja de serpenteada hiedra. Suspiros despeñados, escapaban de sus labios, cuando admiraban la primicia de su cielo desafiando la gravedad; como constelaciones de pecas unidas a destiempo, unidas a ti.

PAPELETA PREMIADA

Nunca ha habido ni habrá precipicios a tu altura, ni amanecer tan bello como contemplar tu rostro. Se agota la vida sin tu amor a medida, sin los pájaros resucitando tus besos y bailando mis ganas de morir por ti.
Nunca supe jugar con la soledad al escondite, ni resultó nada de remendar los ásperos modales del tiempo. Sólo sé poner al fuego mis sábanas tibias y contar cuentos matutinos, con cierto regusto a noticia en diferido y con argumentos de balcón encantado.
A tu lado parezco una atrevida adultescente sin parecido colegial alguno, con una premiada papeleta en felicidad y una sonrisa encendida para repostar; encantada de decirme que me gusta gustarte y con los recuerdos perfumados desde un glorioso y enloquecedor martes.